divendres, 14 de desembre de 2012

Super glue

"Coge por ahí", "¿Por dónde?", "Por ahí, por ese extremo que cuelga de ahí", "Ah, vale, ya lo veo", "Ahora ponle por encima el pegamento y pásalo por mi cintura", "A ver, ¿así está bien?", "Aprieta un poco más fuerte", "¿Más?", "Así está bien". Se cogieron de la mano y abrieron la puerta.

Estaban atados, atados fuerte con un pegamento que ellos mismos habían fabricado, un pegamento que olía a nubes y que conseguía mantenerles unidos aunque lloviera, nevara o un tornado pasara por sus cuerpos. Daba igual, ese pegamento era muy fuerte, tan fuerte que era capaz de unirles y que esa unión fuera tan fácil como beber un vaso de agua cuando se tiene sed.

Salieron a la calle, una vez más, un sol más, un invierno más, como lo llevaban haciendo años. Pero ahora era diferente, era diferente porque ahora era cuando ellos se habían dado cuenta de que eran capaces de fabricar un pegamento mágico y que, con ese pegamento, eran indestructibles. Indestructibles.

dijous, 13 de desembre de 2012

Rodeada de agua.

Y poco a poco vuelvo a sentirme tranquila, vuelvo a sentirme calmada, mansa como está el agua en esta época del año. El otro día fui a dar un paseo por la playa. Me encanta ir a verla ahora, cuando la gente no la quiere, cuando puedes escuchar sus olas sin el estridente ruido de la gente, cuando puedes oír su latido y dejarte llevar por él, en silencio, porque no hay nada que decir, muchas veces no lo hay y siempre queremos hablaryhablaryhablar para no escuchar aquello que habla en silencio.

Ahora ya no quiero hablaryhablar. No. Ahora quiero escuchar. Escuchar el mar, escuchar a los pájaros, escuchar a las montañas. Escucharme a mí, en silencio, y escucharle a él, en silencio. Porque estoy aprendiendo que la comunicación existe más con los labios cerrados que con la lengua en movimiento. Hablar sin hablar. Hablar sin articular sonido. Hablar con esa otra parte de nosotros que está pero que no está, que no se ve pero que, si la buscas, aparece de repente golpeando tu reflejo en cualquier escaparate de la ciudad.

El otro día, frente a la playa, sentí que cada vez volvía a ser más agua. Pocoapoco. Voy apartándome del caluroso fuego y la pureza del mar vuelve a impregnarse en mi piel. Pero quiero que sea despacio, las metamorfosis siempre funcionan mejor si se hacen de un modo progresivo, la brusquedad nunca ha ido conmigo, El agua y yo haremos las paces así, sin prisas, de un modo dulce, calmado, como si fuéramos música o sexo o un beso perdido en el aire.

Por el momento, noto cómo mis dedos van tocando agua y más agua y están envidiosos del agua que tocan y quieren ser ellos también agua. "Despacio", les digo antes de ir a dormir. Pero creo que no quieren ir despacio y cada día me levanto con las manos más suaves, con el pelo más largo y con los pies más planos. Creo que dentro de poco me saldrá la cola de sirena. Y esta velocidad tan veloz es por el agua que me envuelve, un agua tan pura, tan fresca y tan bella a la que soy incapaz de resistirme.

dijous, 8 de novembre de 2012

Restaurador


Y te has metido hondo, muy hondo, tan hondo que parecía que surcabas ese barquito pequeño y destartalado que se había perdido en mi mar. Y ¿sabes qué? Creo que lo has encontrado. De hecho, creo que ya lo habías encontrado hace tiempo y yo creía que él seguía por allí flotando a la deriva, sin rumbo ni destino prefijado. Pero no. Tú ya lo tenías contigo  y lo estabas arreglando con besos, caricias y sonrisas llenas de girasoles.

"He entrado dentro", me has dicho justo después de. Me lo has dicho porque no sabías si me había dado cuenta, no sabías si la manera que has tenido de entrar me había hecho daño, molestado o gustado. He adivinado un interrogante en tu pupila mientras me decías esas palabras. "Lo sé", te he dicho y he apretado los dedos de tu mano. Si quieres que te sea sincera, en ese momento estaba descubriendo todo eso del barco, estaba descubriéndote en mí, estaba viéndote como un restaurador de muebles, de muebles acuáticos capaces de desafiar las reglas del mundo, y no sabía qué cara poner, qué decir ni qué sentir. Sólo quería apretarte fuertefuertfuerte la mano.

Y ahora. Ahora te recuerdo en mí. Ahora recuerdo la manera que has tenido de buscar en mi interior, de acariciar mis entrañas, con un paso lento, pausado, tan y tan a poco a poco que pensaba que me moría de placer. Y yo, ante tu pureza, ante ese nózaroc con las ventanas tan abiertas, no he sabido hacer nada. Absurdamente nada. Y ahora, ahora lo entiendo todo. Esta noche has creado una sinfonía, la sinfonía de tu cuerpo y el mío.

Verde


Verde, verde, verde. Todo se tiñe de verde. Verde esperanza ¿quizás? Verde mierda, más bien. Pero me siento bien. Aquí, en este mundo coloreado de verde, me siento bien. No pienso en futuro, pasado ni presente. Estoy aquí y da igual lo que eso signifique o deje de significar. A medida que avanzo por el suelo, éste se pinta de color verde. ¿Estaré contaminada? Una baldosa, dos baldosas, tres baldosas. Verde. Soy capaz de pintar el mundo de este color que no sé si es bueno, malo, si huele bien, o mal, si me augura una buena vida, o mala.

Pero he dado un paso, un paso en falso, un paso que ha hecho tambalear mi cuerpo. Y me he caído al suelo de baldosas que, de repente, se ha convertido en una manta negra, oscura y fría. Miro a mi alrededor y veo que la oscuridad se ha convertido en el color de las paredes antes verdes. Ando, ando, ando, ando, ando, desesperada, ando para intentar recuperar ese verde que ya no existe y no tengo ni idea de dónde ha ido a parar. ¡Verde!, ¿dónde estás? Pero el silencio invade el espacio oscuro en el que ahora me encuentro. Y el frío cada vez es mayor y tiemblo, tiemblo, tiemblo, esperando a que venga alguien, noséquién, a taparme con una manta que sea de cualquier color menos negro.

Me tiro al suelo. Noquieroestarsolanoquieroestarsolanoquieroestarsola. Cierro los ojos. Noquieroestarsolanoquieroestarsolanoquieroestarsola. Empiezo a llorar. Noquieroestarsolanoquieroestarsolanoquieroestarsola. Silencio. Oigo mi respiración agitada. Saco la lengua y saboreo el gusto de mis lágrimas. No son saladas. Son dulces. El sabor salado nunca me ha gustado y, en este mundo, puedo hacer que lo salado sea dulce. Así, sin más. Porque sí. Porque este mundo es mío. Completamente mío.

Abro los ojos y me encuentro con que el mundo ya no es negro. El color verde vuelve a aparecer sigilosamente, como si fuera un niño pequeño arrepentido de haberse ido. Sonrío. Sonrío porque veo que soy fuerte. Sonrío porque veo que, aunque el negro me ataque, soy más fuerte que él. Y para combatirlo, sólo tengo que recordarlo.

dilluns, 17 de setembre de 2012

La noria

¿Sabes cuándo estás en una noria y, tras vueltas y vueltas, estás mareada y a punto de vomitar? Pues así, exactamente así es como estoy yo ahora. Pero el mareo me está gustando. Hacía tiempo que estaba caminando recta, ¿sabes? como en una línea pintada en el suelo con una tiza imborrable. Iba recta. Sin moverme ni un milímetro. Recta, por el camino marcado. Pero, ¿marcado por quién, a ver, por quién? Porque yo no recuerdo haberlo marcado. No, no lo recuerdo. Y mi paso era cada vez más erguido, cada vez más firme, comodesoldado, y en dirección a una meta, una meta que ahora veo que no era ni meta, ni llegada, ni salida ni nadadenada. Era, simplemente un vueltaamepezar.

Y ahora, ahora estoy aquí, fuera de mi línea blanca, subida sobre la noria que da vueltas y más vueltas y más vueltas. Y me gusta. Me gusta porque hay días en los que siento que puedo tocar el cielo, aunque después no lo toque, ¿qué más da? siento que puedo y eso es más que suficiente. Hay días en los que el cielo huele bien, en los que el sol calienta mis pestañas y mi nózaroc está suave, limpio, bello y lleno de agua. Lo malo de las norias es que suben y vuelven a bajar y vuelven a subir y vuelven a bajar. Lo hace con un ritmo tranquilo, la bajada no es en picado y mis nervios no se disparan, pero hay bajadas y hay días en los que me acerco a la tierra y reconozco mi línea aún marcada en el suelo que me llama, que me reclama y me grita. Y me cuesta ignorarla, me cuesta y quiero acercarme pero, entonces, vuelvo a subir y me río, y me miras, y me besas, y me haces gritar, reír, llorar de placer.

Pero vuelvo a bajar. Vuelvo a bajar y sigo viendo la línea blanca allí. Quieta. Inmóvil. Y la meta que no es meta pero que parece meta vuelve a aparecer bajo la neblina. Y entonces pienso, ¿voy o me quedo? ¿Voy o me quedo? Pero vuelvo a subir y la noria vuelve a tirarme al cielo, a las nubes, a las estrellas y la meta se desdibuja y yo ya no sé qué hacer para bajar de esta noria que me gusta y me disgusta y me hace reír y me hace llorar y me da placer y me mata de dolor.

dilluns, 13 d’agost de 2012

Fuego



"Es el calor. El calor que me sube por las entrañas y me hace escupir lava de fuego. El calor que me sube a los ojos y hace que llore lágrimas de ácido sulfúrico. El calor que recorre mis venas y que me quema por dentro mientras grito por un dolor que es placer y es dolor y placer y dolor otra vez. Es ese tipo de calor, ese tipo de sensación que hace que mi corazón arda en llamas el que has metido tú en mi vida. Y te odio por eso. Te odio porque yo soy más de agua, de cielo azul y de tranquilidad. Yo soy más de aire puro, de verdes montañas y de cabras montañesas. No quería descubrir lo que era el fuego, ni la sangre a borbotones ni los demonios horribles y terroríficos que has metido en mi cuerpo en mi cabeza y en mis pupilas. Odio que me hayas mostrado ese submundo, odio que me hayas mostrado que la gente aparentemente bella, tranquila y de agua, puede esconder fuego, tritones y dientes de tiburón.

Todo empezó cuando decidí quererte. Lo hice tirándome de cabeza al océano, al agua fría y llena de peces. Empecé a nadar, siguiendo el compás de las olas, siguiendo mis pulsaciones, siguiendo el recorrido acuático que tú y yo hacíamos con nuestros besos. Pero paraste mi nado. Lo paraste haciéndome una ahogadilla que duró más de lo que tenía que durar. Casi me ahogué. Pero todavía permanecía en el agua, en la pureza y frescura del agua. Aún no. Pero entonces, esa zambullida hizo que mi nado a tu lado fuera un poco más distante, nadaba contigo, sí, pero un poco detrás, para ver tus movimientos y que no volvieras a hacerme un jueguecito así. No quería volver a ver la parte terrorífica al agua, a mi agua, a mi sitio en el que tan tranquila y en paz me sentía. Iba detrás de ti para poder ver cómo te movías. Pero volviste a hacerlo, volviste a girarte, a coger de mi cabeza y a zambullirme bajo el agua. Entonces, perdí el conocimiento.

Cuando desperté, habías substituido mi agua, mi hábitat, con mis peces, mis algas de coral y mis sirenas por un lugar lleno de fuego, de sudor, de calor, de asfixiante calor y de personas con cara de monstruos. Grité. Terror. Miedo. Asco. Pero te vi. Entre toda esa mierda te vi a ti, caminando entre el fuego, con tu cara de animal de agua y esa manera única de sonreír. Cogiste mi mano "Ven, no te asustes". Y me dejé acompañar al inframundo al que me habías llevado.

Y ahora, ahora quiero volver a meterme en el agua. Ahora quiero limpiar el olor a humo, a quemado y a muerte que has metido en mi nariz. Ahora quiero nadar, bucear, meterme en el silencio del aguapordentro, en ese eco y en ese hueco vacío que aparece cuando tus oídos se sumergen en el mundo del agua, en mi mundo. Pero todavía tengo rastros del calor, todavía tengo heridas y cicatrices del fuego abrasando mi piel, del demonio cogiendo y aplastando mi corazón, de los ojos inyectados en sangre y en rabia. Ahora soy una mezcla. Una hermafrodita. Alguien que quiere quitar esa mitad impuesta y volver a estar limpia. Limpia del calor. Limpia del horror. Limpia de ti."

Después de esto, después de que Clara dijera esto sobre el acantilado, alzó los brazos y, de espaldas, sin pensarlo siquiera un segundo, se tiró al mar. Ahora debe de estar llena de peces, con cola de sirena y el pelo repleto de corales. Porque allí y sólo allí es donde ella debe estar.


dimecres, 8 d’agost de 2012

Recuerdos de alguien

Recuerdo que  yo tenía tan sólo nueve años. Estábamos en el parque del pueblo, junto al lago. No era uno de esos días preciosos ni de postal, más bien era uno de esos días en los que apetece estar en casa, tapada y tomando una taza de leche caliente. Pero estábamos allí. Solas. Mirando cómo los patos nadaban tranquilamente sobre el agua, como si no pesaran nada, suspendidos sobre el material extraño del agua que, si lo tocas, se escurre entre los dedos. Y allí estaban ellos, majestuosos, nadando sobre el agua y demostrándonos lo lejos que estamos de la comprensión de la naturaleza. Nosotras allí éramos simples espectadoras del funcionamiento del mundo. Y las dos estábamos fascinadas. Estuvimos como quince minutos mudas, mirando hacia el lago que tantas veces habíamos visto pero al que nunca habíamos clavado los ojos con la fuerza de una atenta mirada. Y nuestra fuerza se había convertido en un imán, un imán capaz de acallar cualquier palabra vacía que en ese momento podríamos haber dicho. Era inútil intentarlo. El silencio eran las mejores palabras para describir ese momento.

Fue ella, con un estornudo, la que rompió la conversación insonora entre nosotras y la naturaleza. Sonrió con timidez, sabiendo lo que había hecho, y me cogió de la mano. La tenía fría y caliente, todo a la vez. Los dedos congelados pero la palma ardiente. Se levantó del suelo, me miró, volvió los ojos al lago y se puso a cantar. Lo hizo así, sin motivo, sin lógica y sin vergüenza. Se puso a cantarle al agua como si fuera su hija pequeña, como me cantaba a mí por las noches antes de dormir. Sentí cómo yo desaparecía, momentáneamente, de su mundo, de ese instante que conformaba su presente. Ella estaba sola con el lago.

divendres, 13 de juliol de 2012

Bla.


¿Crees que vale la pena?, ¿El qué?, Vivir, Pues no lo sé, No, va, dímelo de verdad, ¿crees que vale o no vale la pena?, En otro momento te hubiera dicho que no, que hay demasiadas cosas feas como para vivir tranquila, que el mundo se pudre y nosotros con ellos, sí, hace un tiempo esto es lo que te hubiera dicho, pero ahora, ahora me doy cuenta de que es necesario que haya sufrimiento para que haya alegría, es necesario estar triste para sonreír, es necesario aprender el significado del dolor para comprender el significado de la felicidad. Me alegra oírte decir eso, Sí, la verdad que a mí también.

dimecres, 20 de juny de 2012

Último round.


"¿Sabes que eres lo más feo que me ha pasado en la vida?", me dices y me besas la punta de las pestañas. Tu romanticismo anti-romántico me tiene loquita. No sé, llámame ilusa si quieres, pero cuando estoy contigo siento que todo va a ir bien, siento que no querría estar en ningún otro lado que no fuera allí, contigo. Quizás soy típica-tópica contaminada de las películas de amor que hace años que nos abducen. Quizás sólo diga cosas que ya he oído para hablar del amor y de los sentimientos. Puede. Pero cuando abro los ojos en medio de la noche y veo que estás ahí, siento que la cama se me hace grande, grande, inmensa, y que yo la ocupo entera y me convierto en una gigante de pies grandes y pelo alborotado. Sí. Eso es lo que siento. Tú haces que me convierta en gigante.

dijous, 17 de maig de 2012

Ahora.


El mundo suena a corazón. Sí, lo sé, parece un poco cursi, pero es la realidad. Y no desde hace mucho, no. Hará un par de semanas que vuelvo a sentirme llena de cosas buenas, llena de ti, llena de tus besos, de tus palabras, de tu cuerpo. Te siento cerca. Muy cerca, Y, ahora, me doy cuenta de lo lejos que estabas antes. Ese antes que no es tan antes porque en realidad hace poco pero ya es antes, ya lo he bautizado como antes porque el ahora es diferente. Muy diferente. Y no hablo de que sea diferente en el mundo material, de hecho, parece igual, tiene el mismo aspecto, tú y yo dándonos besos, tú y yo compartiendo cama, tú y yo brindando con cerveza. Parece lo mismo, exactamente igual que hace tres años. Pero no lo es. En realidad ese tú y yo de ahora es mucho más bonito que el de antes. Te siento aquí, tan cerca, que por mucho que estés en tu casa y yo en la mía, siento que estás a mi lado, en el sofá, mirando la televisión y acariciándome las piernas, "haciéndome cosquillitas", como te pido muchas veces.

Es curioso la manera que tengo de pasar página y vivir el presente. No sé. Lo malo, rápidamente, lo convierto en pasado. Aunque sea como ahora, un pasado muy presente pero que he hecho pasado para poder ser feliz en el presente. Soy una jugadora de tiempo. Sí. Juego con el tiempo, con el significado del tiempo como a mí me conviene. Lo uso a mi voluntad. Más que jugadora, me siento "utilizadora" del tiempo, o algo así.

Lo que tengo claro es que si, esta vez, he jugado con el tiempo ha sido porque, realmente, he sentido que tenía que hacer pasado lo pasado y hacer que el ahora fuera presente. Y el ahora somos tú y yo. De nuevo. Tú y yo dándonos besos, como siempre, pero diferente. Diferente porque hemos sentido que nunca más estaríamos juntos. Diferente porque nos hemos dado cuenta de por qué nos queremos. Diferente porque me he dado cuenta de que lo que siento por ti ya no es juego, ni una tontería de jóvenes, ni un jijijaja. Es "algo más". Es ese "algo más" que tanto temía sentir. Es ese "algo más" al que no quería mirar. Es ese "algo más" que es mucho mucho mucho mucho mucho.

Y estoy contenta. Sí. Estoy contenta porque sé que no eres perfecto. Porque me he dado cuenta de tus errores, de tus miedos, de tus defectos y, conociéndolos, sigo aquí. A tu lado. Queriendo darte más besos que nunca, hacerte el amor más salvajemente que nunca y sabiendo que este nosotros no es eterno y que eso, en lugar de ser aterrador, es hasta bonito.

dijous, 10 de maig de 2012

Cordones.


¿Sabes? A veces, durante la noche, mientras tú duermes y estás ahí, tan y tan lejos, he creado lazos con los cordones de las zapatillas. Los suelo unir hasta crear un lazo grande grande y lo enrollo alrededor de nuestras cabezas. Muchas veces he sentido que tenías que despertarte, que, justo en el momento en el que nuestras cabezas unidas se encontrasen, zas, abrirías los ojos y me besarías la frente. Pero nunca pasa. Te quedas soñando en ese mundo tan y tan lejano del de los ojos despiertos sin enterarte de nada, sin ser consciente de mis esfuerzos por disipar esa distancia.

Muchos han sido los días en los que me ha aterrado besarte, hablarte, compartirme contigo, tocarte la mano, hacerte el amor, que te metas dentro, muy dentro de mí y que después, cerrásemos los ojos y se acabó. Tú allí y yo en la otra parte. Siempre he querido luchar contra la distancia de los sueños. Siempre. He intentado burlarla con las más disparatadas ideas: enganchando mi cuerpo al tuyo con pegamento, uniendo nuestras manos con gomas de pollo hasta que nos quedáramos, casi, sin sangre, metiéndome bajo tu mismo pijama y hacer un dosenuno en mayúsculas... Todo, lo he intentado todo. Pero es cerrar los ojos y por mucho que nos apretemos fuerte de la mano, zas, tú te escapas hacia ese mundo y yo vuelo hacia el mío.

dilluns, 23 d’abril de 2012

Tatuaje



Fue durante esos días cuando realmente te sentí dentro de mí.

Justo cuando te alejabas,
cuando creía que nunca volvería a oler tu piel
o acariciar tu espalda,
sentí que estabas incrustrado en mis poros.

Como un tatuaje.

Un tatuaje que se ha hecho con una tinta invisible.
La tinta invible de tus besos,
de tus sonrisas,
de tus palabras de amor e,
incluso,
de nuestras discusiones.

Poco a poco,
con una fuerza contínua,
te has ido tatuando en mi piel
y borrar un tatuaje siempre ha sido complicado y doloroso,
sobre todo doloroso.

Esos días sentí que tenía que borrar mi tatuaje favorito.

Y no quería.
No.
No quería por nada del mundo.

Y entendí el por qué.

Entendí por qué estabas tan dentro de mí,
entendí por qué te habías grabado sobre mi piel con esa brutal fuerza.
Entendí por qué te quiero tanto.

Y,
mientras yo me daba cuenta,
tú volviste a mí,
me cogiste de la mano
y me enseñaste tus manos recubiertas de dos grandes,
inmensos y
preciosos
guantes de boxeo.

Por fin.

Ahora he desenterrado los míos,
los que tenía arrinconados bajo el armario.
Me los he puesto y estoy dispuesta a luchar con sangre,
dientes
y entrañas
para que tú y yo siempre tengamos
el corazón rojopasión.

Y estoy contenta porque,
esta vez,
tú estás en el ring luchando conmigo.


divendres, 13 d’abril de 2012

Para ti - Carta 1

Me he levantado esta mañana con una canción en la cabeza. Abro los ojos y, "Sácalo, saca a tu perro, sácalo". Una sonrisa se ha dibujado en mi cara. Me gusta esa canción. Sí. Me gusta la alegría de esa canción. El canallismo de tu voz y de tus palabras. La manera de tocar la guitarra, de mover los hombros y de sonreír mientras cantas. Creo que no sabes lo que eres capaz de transmitir. Y no hablo de tus canciones, no. Hablo de ti. Una simple mirada, una mueca o un movimiento de ojos te delatan. Aunque a veces te hayan dicho que eres un muro, que eres de hierro, que eres blanco y rígido. Yo no te veo así. De hecho, nunca te he visto así. Siempre te he visto al contrario. Transparente. Como el agua. O el aire. Y esta mañana, he abierto los ojos, me he lavado los dientes y, zas, tu canción, tu ritmo, tu alegría, tu vida, se me ha metido en la cabeza.

Entonces, te he enviado un mensaje. Porque he pensado en ti. Bueno, más que pensar, lo que ha pasado es que te has metido en mi mente. Como un instruso, como un ladrón de espacio. Y te he escrito, pensando que todo iba bien, pensando en vanalidades, creyendo que las cosas no pueden ir mal, que siempre van bien. Engañándome. Porque desde hace dos días, cuando me llamaste, supe que ocurría algo. Lo noté en tu voz. En tu manera de expresarte y de hablarme y de comunicarte conmigo aunque las palabras me dijeran cosas sin sentido. Supe que tenías miedo. Y yo también lo tuve. Pero tengo la manía de pensar que todo va bien, que todo tiene que ir bien, que, por cojones, todo va a estar bien. Pero no. Creo que hoy te he enviado un mensaje para poder mantener esa distancia. Para no encontrarme con tus palabras. Para no encontrarme con la verdad que sabía que existía pero que prefería hacer ver que no. Prefería fingir una sonrisa de plástico en mi cara, por eso de no sufrir.

Y me has llamado. Te he saludado sonriendo plásticamente y me has arrancado esa estúpida sonrisa de mi cara. Entonces, me he dado cuenta de la existencia de lo absurdo. Lo absurdo de todo. Y, también, he sentido que te quiero, que te quiero porque me gusta como eres, te quiero porque cantas la canción del perro, te quiero porque eres una persona llena de cosas buenas. Y porque te quiero, quiero intentar hacerte sonreír. Aunque las sonrisas se tengan que buscar en el fondo del pozo, aunque tengamos que remover arenas movedizas y enfrentarnos con lobos, dragones y monstruos de esos que sólo salen en las pelis de miedo.

Ahora tú sólo tienes que luchar por ti. Yo, mientras tanto, lucharé por buscar tu sonrisa y dártela en la mano, como se dan los caramelos o las chucherías.

dijous, 12 d’abril de 2012

Ese no se qué




¿No crees que ya va siendo hora de superar ese miedo? Llevamos más de tres años juntas, viéndonos, hablándonos, llorando y riendo. Y ese miedo te impide hacer eso: volar. Creo que ha llegado el momento de que te pongas sobre un patín, te vistas, si quieres, con todo el equipaje necesario para sentirte, más o menos protegida, y te lances al aire.

No seré capaz. Lo he intentado muchas veces. Llevo años poniéndome el objetivo de aprender a esquiar o a patinar sobre hielo. Todos los novios que he tenido me han querido llevar a la nieve. Ya sabes, es un paisaje muy romántico. Pero nunca he sido capaz de calzarme unos esquís. Me quedo mirando la nieve, la fría y blanca nieve y vuelvo a la habitación. Cualquier promesa de sexo desenfrenado, de pasión irrefrenable consigue que mi amante prefiera la cama a la nieve. Y así yo sigo luchandosinluchar.

Conmigo no te servirá la excusa del sexo, ya lo sabes. Si sigues queriendo aprender a volar, yo te ayudaré a empezar a hacerlo. El viento contra tu cara, el frío erizando tu piel, esa sensación de libertad... No puedes morirte sin saber qué es eso.

Pero ahora estoy muy débil, Clara. Ahora ya es demasiado tarde.

Nunca lo es. Nunca es tarde, niña. Y menos para volar. Para sentir la vida. Para dejarte llevar sin controlar tus pasos. Es que no sé de qué me extraño, la verdad. Tú siempre tan adentro, tan en tu cabeza, tan en tus pensamientos. Es normal que, en cuanto aparezca cualquier sensación irracional, agaches la cabeza y te metas bajo la colcha. No es malo pensar. Pero es bueno sentir. Es bueno vivir. Es bueno gritar, saltar, bailar, volar. Es bueno dejarte llevar por eso que no se sabe qué es. Esa fuerza que hace que te sientas llena de pájaros, de agua, de colores brillantes.

dijous, 15 de març de 2012

Gris.

Y vuelvo a abrir los ojos y el mundo sigue igual de gris. No sé, pensaba que cerrando los ojos fuerte, muymuymuy fuerte, podría borrar esta niebla que invadió ayer la ciudad y que ha invadido mi mirada. Pero no. Me he levantado y hoy el día está más nublado que ayer. Y no sé qué se supone qué debo hacer para que el sol vuelva a brillar, allá, tan arriba, y las nubes vuelvan a parecer algodones de azúcar, las sonrisas vuelvan a ser tajos de melón o de sandía. Ahora todo lo veo deformado. O quizás es mi mirada que lo deforma. Sólo veo grisgrisgris. Y siempre he odiado ese color. Recuerdo que, de pequeña, una profesora de inglés me preguntó por mi color favorito. "Sontantos" dije "El amarillo, el verde, el azul, el lila... ¡tantos!", seguí, "Lo que tengo claro que odio el gris", "El gris?", "Sí, es un color feo como ninguno".

Y ahora mi mundo se ha pintado de este horrible color. Y yo, te juro, que yo pensaba que hoy me levantaría con más vida en las pupilas. Lo juro. Pensaba que me levantaría llena de algo. De energía, de optimismo, de algoparecido a las ganas de vivir. Pero ha sido abrir los ojos y el gusano. Sí. Otra vez el asqueroso gusano recorriendo mis entrañas. No sé. Creía que sería un poco más fácil. De verdad. Sé que "es normal y que todo tiene un proceso y BLABLABLA". Realmente pensaba que estaría mejor. Que le sacaría lo bello a lo feo, como siempre hago. Pero no. No sé cómo hacerlo. No sé cómo se supone que tengo que hacerlo en este momento. En este momento en el que tú ya no estás conmigo. En este momento en el que todo el mundo parece tener tu cara. En este momento en el que incluso una moto me recuerda a ti. En este momento en el que querría quitarme el pumpum y cambiarlo por una fría máquina automática, sin cerebro. Una máquina de hacer veneno. Sí. No estaría nada mal.

Pero sigo aquí. Con este mundo gris. Este mundo gris que quiero colorear. Quiero colorear pero he perdido mis pinturas y mis pinceles.

dimarts, 13 de març de 2012

Gusanos.




Aquella mañana me desperté con un gusano en el cuerpo. Me iba recorriendo trozo a trozo cada una de mis entrañas, removiéndose, haciendo volteretas, clavándome su cuerpo duro en cada rincón por el que pasaba. Tenía ganas de vomitar. Todo el rato. Unas ganas inmensas de irme al lavabo, sacar ese bicho repugnante y poder volver a tragar aire sin dolor, sin que cada respiro fuera un arañazo de uñas inmensas. Luego caí en la cuenta de que tenía que luchar contra ese bicho. Sí. Tenía que matarlo. Pero él estaba dentro. Y yo estaba fuera. Así que te llamé. Te llamé sólo por eso. Te llamé para que fueras mi cómplice en el asesinato del gusano. Te llamé porque el gusano me lo habías metido tú y creía que sólo tú podías quitármelo. Y, al contestarme al teléfono, recordé lo que había pasado la noche anterior.

No sé por qué pero hay unos mecanismos mentales que me auto-protegen contra el dolor. Ya lo dije una vez, tengo un escudo-anti-tristeza. Así que había olvidado lo que había pasado hasta que oí tu voz. Y colgué. Tú no podías ayudarme. "No sé si te quiero", recordé. "Necesito pasión, sentimiento, amor", lloré. "Necesito irme lejos y pensar, sentir, quererte o olvidarte". Y te fuiste. Me dejaste tirada en el portal de mi casa con la cara llena de perlas de agua. Y con el gusano, el asqueroso y vomitivo gusano en recorriendo mis entrañas.

Sí. Me acordé de todo esto al oír tu voz tras el teléfono. Por eso colgué. Y entonces, hice lo que normalmente hago pero que no debería haber hecho: ponerme a luchar. Me puse los guantes de boxeo, por cuarta o quinta vez contigo. Me los puse para luchar. Para pelear. Para sacar sangre. Sangre de amor. De deseo. De dolor. Pero lo que pasó es que, de repente, me di cuenta de que no tenía contrincante. No tenía con quién luchar. Y luchar contra la pared siempre me ha parecido absurdo.

Así que he tenido que dejar los guantes de boxeo tirados en mi armario. Creo que los quemaré. No quiero luchar más contra una pared blanca, lisa y fea. No, no quiero. Me sentaré en mi sofá de color marrón, me pondré a fumar, beber, reírme y llorar hasta que las ganas de luchar se me hayan apaciguado. Entonces, y sólo entonces, me levantaré del sofá, saldré al balcón, gritaré con todas mis fuerzas y sacaré al maldito gusano de mi interior.

dilluns, 5 de març de 2012

Chocolate.

Mi objeto artístico son las personas. Me gusta ver cómo miran cuando creen que nadie las ve, me gusta ver cómo tiemblan ante una mirada seductora, me gusta ver cómo debajo de las capas subyace el mismo material: chocolate.

Podría explicar mi vida uniendo imágenes y, pese a ello, nunca obtendría una narración lineal, una película donde inicio y final fueran lógicos en tiempo y espacio. Mi vida son recopilaciones de imágenes, sin buscar un sentido unitario, ¿por qué este afán de unificar los instantes? Somos pedazos de momentos, de experiencias, de sentimientos. Mi vida es una sucesión de fotografías.

En estas páginas veréis fragmentos de vida de personas, sin un antes ni un después, sólo el ahora, que es lo que en realidad importa. Son fotografías. Fotografías que me he ido encontrado en mis paseos por la ciudad. Fotografías de chocolate.

divendres, 10 de febrer de 2012

dimarts, 7 de febrer de 2012

BlancoRojo




Me desperté con una sonrisa de melón. El aire olía a café recién hecho. El sol calentaba mis pies. Y él ya no estaba a mi lado. Estará en la cocina pensé y sonreí de inmediato al imaginarlo con mi delantal de corazones y su poca destreza en el arte de las tostadas. Me desperecé y fui al baño. Tengo la manía de lavarme los dientes antes de desayunar.

Entonces, vi la sangre.

Estaba allí, en el suelo, desparramada y asquerosa. Aún estaba húmeda y pude percibir cómo todavía hervía el calor de la vida. Pero entre los grumos rojos percibí algo que no era rojo. Una pluma. Sí. Entre toda la sangre había una blanca y majestuosa pluma. Me asusté. Aquel colorsincolor en medio de tanto rojo, me asustó. Así que empecé a correr siguiendo el rastro del olor a café. Como un perro. Un perro asustado que quiere encontrar a su amo.

Y allí estaba él.

Con el delantal de corazones manchado de sangre y sentado en el sofá. Vi el cuchillo entre sus dedos. También se burlaba de nosotros con montones de plumas blancas entre aquella locura roja. Me senté a su lado y le cogí la mano. Ni siquiera me miró. No le dio tiempo. Inmediatamente vi que su espalda estaba llena de heridas, cortes y plumas blancas. Grité. Como una loca. Las dos alas estaban tiradas en el suelo. Pisoteadas. Malheridas. Él temblaba, temblaba y no me miraba. Me acerqué, las cogí y envolví su cuerpo rojo de sangre con la blancura de aquellas plumas. Le besé. Me besó. Y las alas volvieron a posarse en su espalda llenas de vida y hermosura.

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dijous, 26 de gener de 2012

Cartas.



No sabes la sonrisa de melón que has logrado sacarme prontito por la mañana. Leerte me ha hecho sentirte dentro, cerquita, casi a tu lado, acariciándote el pelo mientras nos calentaba ese sol de melocotón que me has hecho imaginar. me gusta saber de ti, hablar contigo, saber qué haces, qué piensas, qué lees, ves o hueles. no sé, me hace sentir bien. cerca de ti, que estás tan lejos, en la fría Rusia, pero con tus palabras creas un puente, un puente enorme, que es capaz de unir estos dos mundos tan opuestos.

Yo estoy que no estoy. No sé. Hay cosas en mi vida que siento que están ahí, como antes, como hace ya un tiempo, pero ya no tienen ni el mismo color, ni el mismo gusto y, no sé, me gustaría ser capaz de condimentarlo, de ponerle una pizquilla de sal, pimienta, curry o lo que sea. Cualquier cosa que pudiera sacarle el sabor otra vez y que mis papilas gustativas palpitaran de placer. Siempre hay épocas, imagino. Siempre hay rachas, subibajas. Pero en esto del amor, me gustaría estar siempre subi, subi, subi. Quizás es que mi vida no me acaba de satisfacer, bueno, la misma historia de siempre, ya sabes. Exigencias, exigencias y exigencias y pensar, creer, que en cualquier lugar del mundo estaría mejor que aquí.

Tengo que ordenar mi vida, aunque quizás, lo que tengo que hacer es desordenarla, justo lo contrario. Quizás sea eso. O quizás no. No sé. Yo quiero sentirme llena de cosas y me siento a medio llenar. Poco a poco, ¿no? Pero es eso, imagino mi vida en cualquier otro lugar, y me siento bien. Me gustaría ser capaz de hacer como tú o como ella, coger un avión y marcharme lejoslejoslejos. Algún día. De momento me pongo contenta pensando en que algún día me iré a California a estudiar inglés, o a Australia. Eso es en lo que hemos quedado él y yo. Es nuestra conclusión después de una mini-escapada a Venecia. Irnos. Y a mí me parece más que bien.

dimecres, 18 de gener de 2012

Play.



Lo descubrí el día que metí en el lago. Mi madre siempre me había dicho que no lo hiciera. Se inventaba cualquier excusa para evitar que entrara allí. Desde animales mortíferos a veneno invisible. De todo. Y yo estuve tiempo, mucho tiempo, atraída por el lago, por aquel agua mansa, cristalina y deliciosa que parecía cantar una melodía preciosa para mis oídos. (Me mira directamente y se acerca, a modo de confesión. Aún puedo percibir el temblor en sus ojos. Emoción. Miedo. Vida.) Pero una noche no lo resistí más. Era pleno agosto, hacía un calor insufrible y estaba en la cama dando vueltas y más vueltas. Y lo hice. Me fui al lago, al maravilloso lago y me tiré. Fue inmediato, unvistoynovisto. Agua y sirena. Así, sin más. (Se levanta, desaparece de mi vista. Silencio. Silencio. Silencio. Y vuelve con un vaso de agua. Vuelve a sentarse. Siento que está más que nerviosa. A punto de estallar.) Espero que lo entiendas, mi niña. Llevo toda mi vida callada, queriendo descubrir más pero con miedo a hacerlo. Ahora tú ya eres mayor de edad, en este año nuevo te has hecho toda una mujer. Creo que es mi turno. El turno de cuidar de mí. De volver a mí. De reencontrarme. (Se toca las manos con nerviosismo. Tiembla. Seguro que le están sudando, es algo que siempre le pasa cuando está nerviosa. Mira hacia mí de nuevo, con ojos de súplica, con ojos de perdón, de amor y de miedo.) Espero que lo entiendas. Te quiero tanto... (Se levanta del sofá, se acerca y da un beso a la cámara. La televisión se queda en negro haciendo un ruido casi insoportable. Fin de la cinta.)

dilluns, 2 de gener de 2012

escudo



Pues se ve que al final sí. Al final me he puesto una coraza en el nózaroc. Sin darme apenas cuenta. Lo he hecho. Y de verdad que creía que eso era algo así como imposible. Imposible. Pero no. Nada lo es. Y ahora no me duele tanto. Ya no eres capaz de rompérmelo en pedazos. No, ya no. Ahora ya llevo parches porsiacaso. Y esos parches han tapado la sangre que anteayer empezó a borbotar. Tapado no chorrea y si no chorrea es como si no existiera. Ojos que no ven etcétera. Pero mis ojos de dentro sí que veían. Y sentían. Notaban el calor de la sangre llenándome las tripas, inundando mis entrañas y saliéndome por las uñas. Y hoy ya no he podido más. La sangre me llenaba la boca y nunca me ha gustado su sabor. Así que te la he escupido. Y creía que sacar el parche sería más doloroso, como arrancarse una tira de cera caliente. Pero no. La sangre ha salido. Se ha ido fuera de mí. Y no me ha dolido. Casi. Me dolía más tenerla dentro dando vueltasymásvueltas. Sin parar. Ahora te la he devuelto y no sé qué espero de ti. Creo que nada. Ya nada. Quería devolverte la sangre. Sólo eso. Quería devolverte la sangre y que ahora hagas tú loquetedélasantagana. A mí ya me da un poco igual. Creo. Sólo sé que prefiero mi boca con gusto a saliva que con el gusto ácido y metálico de la asquerosa sangre. Sólo eso.

mis palabras a tus ojos