divendres, 14 de desembre de 2012

Super glue

"Coge por ahí", "¿Por dónde?", "Por ahí, por ese extremo que cuelga de ahí", "Ah, vale, ya lo veo", "Ahora ponle por encima el pegamento y pásalo por mi cintura", "A ver, ¿así está bien?", "Aprieta un poco más fuerte", "¿Más?", "Así está bien". Se cogieron de la mano y abrieron la puerta.

Estaban atados, atados fuerte con un pegamento que ellos mismos habían fabricado, un pegamento que olía a nubes y que conseguía mantenerles unidos aunque lloviera, nevara o un tornado pasara por sus cuerpos. Daba igual, ese pegamento era muy fuerte, tan fuerte que era capaz de unirles y que esa unión fuera tan fácil como beber un vaso de agua cuando se tiene sed.

Salieron a la calle, una vez más, un sol más, un invierno más, como lo llevaban haciendo años. Pero ahora era diferente, era diferente porque ahora era cuando ellos se habían dado cuenta de que eran capaces de fabricar un pegamento mágico y que, con ese pegamento, eran indestructibles. Indestructibles.

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