dilluns, 23 d’abril de 2012

Tatuaje



Fue durante esos días cuando realmente te sentí dentro de mí.

Justo cuando te alejabas,
cuando creía que nunca volvería a oler tu piel
o acariciar tu espalda,
sentí que estabas incrustrado en mis poros.

Como un tatuaje.

Un tatuaje que se ha hecho con una tinta invisible.
La tinta invible de tus besos,
de tus sonrisas,
de tus palabras de amor e,
incluso,
de nuestras discusiones.

Poco a poco,
con una fuerza contínua,
te has ido tatuando en mi piel
y borrar un tatuaje siempre ha sido complicado y doloroso,
sobre todo doloroso.

Esos días sentí que tenía que borrar mi tatuaje favorito.

Y no quería.
No.
No quería por nada del mundo.

Y entendí el por qué.

Entendí por qué estabas tan dentro de mí,
entendí por qué te habías grabado sobre mi piel con esa brutal fuerza.
Entendí por qué te quiero tanto.

Y,
mientras yo me daba cuenta,
tú volviste a mí,
me cogiste de la mano
y me enseñaste tus manos recubiertas de dos grandes,
inmensos y
preciosos
guantes de boxeo.

Por fin.

Ahora he desenterrado los míos,
los que tenía arrinconados bajo el armario.
Me los he puesto y estoy dispuesta a luchar con sangre,
dientes
y entrañas
para que tú y yo siempre tengamos
el corazón rojopasión.

Y estoy contenta porque,
esta vez,
tú estás en el ring luchando conmigo.


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mis palabras a tus ojos