divendres, 19 de novembre de 2010

Pleasure



Entonces, Jaime cogió a Claudia por los hombros la abrazó y le besó el cuello.

A Claudia se le erizó la piel y le empezaron a temblar los dedos. Jaime siguió besándola por el cuello, por el lóbulo de las orejas, por el escote. El cuerpo de ella se estremeció y empezó a excitarse, la lengua de Jaime sobre su piel la había paralizado. Él la cogió entre sus brazos y la llevó bajo el árbol. Empezó a desnudarla lentamente, besando cada parte del cuerpo que aparecía bajo la ropa, como si se tratara de un trozo de chocolate delicioso que no puedes evitar chupar. Todo el cuerpo de Claudia se había convertido en una delicia de chocolate. Por eso Jaime empezó a devorarla con todo su cuerpo. No quería que sólo su lengua fuera la privilegiada de probar ese sabor, quería que todo su cuerpo participara en el festín, sus manos, sus piernas, su cabello, su nariz, su sexo. Claudia gemía, primero flojito, por pudor a que alguien les oyera, pero después no pudo reprimir su placer y se dejó llevar por el sexo, por aquella boca, por aquel hombre que estaba devorándola sin dejarse ni una peca.

Debajo de aquel árbol, Claudia subió hacia una nube y se restregó en su piel de algodón, muerta de placer.





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dissabte, 6 de novembre de 2010

En el lago




Estoy sentada a orillas de un lago precioso, tremendamente bello y la belleza del paisaje se me está metiéndo por el cuerpo y me hace sentir como un temblor y una risa floja que no sé de dónde viene, ni a dónde va. El sol me calienta la nuca, mi sombra me muestra la fotografía de mí misma en este preciso instante en el que mis ojos están bañados de cosas bonitas y no entiendo cómo la mera contemplación puede alterarme de este modo, hacerme tiritar, sentir algo atravesado en mi nuez, querer retener para siempre este paisaje, este escenario que tengo sobre mi mirada. Hago fotos, dos, tres, cinco, no sé ya cuántas he hecho. Pero en ellas no veo lo que yo siento, lo que la visión de este mundo está provocando en mis huesos. Escribo, sí, también he cogido mi libreta y me he puesto a escribir para, de otro modo, intentar entender esto que tengo en el cuerpo y recordarlo para siempre.Pongo voz a mi temblor. Pero tampoco es suficiente.

Ahora sólo me queda sentir.
Dejar la libreta, la cámara, la cabeza, envolverme en este aire
y sentir, sólo sentir.


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(y aquí os dejo mis dos intentos de inmortalizar ese momento)



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dimarts, 2 de novembre de 2010

Dulces amargos.




De pequeña, su madre le enseñaba que mezclando los ingredientes se podían inventar sabores nunca antes descubiertos. Desde aquel día, Silvia se convirtió en una científica de sabores. La cocina era su pequeño laboratorio y las fruterías y supermercados eran el universo. Junto a su madre, creaba los únicos pasteles capaces de conseguir que todo el mundo sonriera y al decir “todo el mundo” me refiero hasta a la persona más insonreíble del mundo.

Pero cuando la madre de Silvia murió, Silvia dejó de cocinar pasteles, era nuestra manera de decirnos cosas que dan vergüenza poner letras, era su ritual de amor. Y por eso, al faltar la madre, la hija no volvió a la cocina, hacer el amor sola me rompe los ojos.


Y así fue como Silvia dejó de fabricar sonrisas en el mundo.



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mis palabras a tus ojos