dimarts, 13 de març de 2012

Gusanos.




Aquella mañana me desperté con un gusano en el cuerpo. Me iba recorriendo trozo a trozo cada una de mis entrañas, removiéndose, haciendo volteretas, clavándome su cuerpo duro en cada rincón por el que pasaba. Tenía ganas de vomitar. Todo el rato. Unas ganas inmensas de irme al lavabo, sacar ese bicho repugnante y poder volver a tragar aire sin dolor, sin que cada respiro fuera un arañazo de uñas inmensas. Luego caí en la cuenta de que tenía que luchar contra ese bicho. Sí. Tenía que matarlo. Pero él estaba dentro. Y yo estaba fuera. Así que te llamé. Te llamé sólo por eso. Te llamé para que fueras mi cómplice en el asesinato del gusano. Te llamé porque el gusano me lo habías metido tú y creía que sólo tú podías quitármelo. Y, al contestarme al teléfono, recordé lo que había pasado la noche anterior.

No sé por qué pero hay unos mecanismos mentales que me auto-protegen contra el dolor. Ya lo dije una vez, tengo un escudo-anti-tristeza. Así que había olvidado lo que había pasado hasta que oí tu voz. Y colgué. Tú no podías ayudarme. "No sé si te quiero", recordé. "Necesito pasión, sentimiento, amor", lloré. "Necesito irme lejos y pensar, sentir, quererte o olvidarte". Y te fuiste. Me dejaste tirada en el portal de mi casa con la cara llena de perlas de agua. Y con el gusano, el asqueroso y vomitivo gusano en recorriendo mis entrañas.

Sí. Me acordé de todo esto al oír tu voz tras el teléfono. Por eso colgué. Y entonces, hice lo que normalmente hago pero que no debería haber hecho: ponerme a luchar. Me puse los guantes de boxeo, por cuarta o quinta vez contigo. Me los puse para luchar. Para pelear. Para sacar sangre. Sangre de amor. De deseo. De dolor. Pero lo que pasó es que, de repente, me di cuenta de que no tenía contrincante. No tenía con quién luchar. Y luchar contra la pared siempre me ha parecido absurdo.

Así que he tenido que dejar los guantes de boxeo tirados en mi armario. Creo que los quemaré. No quiero luchar más contra una pared blanca, lisa y fea. No, no quiero. Me sentaré en mi sofá de color marrón, me pondré a fumar, beber, reírme y llorar hasta que las ganas de luchar se me hayan apaciguado. Entonces, y sólo entonces, me levantaré del sofá, saldré al balcón, gritaré con todas mis fuerzas y sacaré al maldito gusano de mi interior.

2 comentaris:

  1. No existe peor lucha que contra uno mismo. Mas esas duras batallas son las que nos hacen crecer.
    Crece, lucha y se feliz.
    Un texto precioso. un abrazo

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    Respostes
    1. Creceré, lucharé y seré feliz. Muchasgracias. :)

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mis palabras a tus ojos