dissabte, 23 d’octubre de 2010

Entrevista2.

Habíamos quedado en la playa de las algas. Llegó con un café frío entre las manos y una mirada de disculpas anticipadas, losientosemehaidoelsantoalcielo, una sonrisa, se la devolví y le agradecí el detalle del café. Sacó del bolsillo un trozo de tarta ya un poco maleada pero deliciosa para la saliva de mi lengua. Son de la mujer de la plaza, la Sra. Catalina. Si nunca has probado su variedad de pasteles aún no conoces el color de la delicia. Y empezamos la entrevista.

Juan Carlos, de muy pequeño era diseñador de edificaciones imposibles que sólo su imaginación podía concebir como válidas.
- Mi primera idea fue una casa de caramelos, como en el cuento de Hansel y Gretel, ¿sabes? Era mi cuento favorito de niño y me obsesioné por tener una casa con las paredes de regaliz. Dibujé un plano de cómo tendría que construirla, qué tipo de chuchería era la más fuerte para convertirse en pared y en techo.
- ¿Y descubriste cuáles eran?
- Creí que los había encontrado.
- ¿Creíste?
- Puse en práctica mi descubrimiento construyendo una maqueta del tamaño de una casa de muñecas. Lo saqué al jardín de mi casa y, al primer despiste de mis ojos, los gatos se comieron mi casita de caramelo. Entonces entendí que si creaba una casa así de dulce, la gente se la comería mientras yo durmiera. Me dio miedo imaginarme dientes mientras mis ojos estaban cerrados así que rápidamente me quité la idea de esa casa de la cabeza.

Pasaron los años y la mente del niño Juan Carlos continuó imaginando mágicas construcciones.

- Hasta que llegué a esta isla y pude hacer mi sueño realidad.

Construyó una casa con las algas que viven bajo las aguas de la isla.

- ¿Por qué de algas?
- La primera vez que me bañé con algas me causaron repulsión. El agua estaba sucia de algas, me tocaban por todo el cuerpo, no dejaban ni un trocito pequeño para el agua, afeaban el paisaje. Tras recorrerme todas las playas de la isla entendí que esa playa, la playa de algas donde ahora nos encontramos, era la más bella de todas, el mar sin algas no podía dejar de llorar. En todas las demás playas de la isla, el agua se quedaba mansa, sin moverse apenas, como si el agua estuviera muerta. Decidí idear una casa de algas para dejar de llorar. Porque nosotros también somos de agua, como el mar.






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dilluns, 11 d’octubre de 2010

Aire nuevo.



Al lado de mi casa de la montaña hay:

-un río
-el árbol de los deseos
-y una pequeña puerta que te sumerge bajo las raíces de los árboles.

¿Lo ves?









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mis palabras a tus ojos