dijous, 15 de març de 2012

Gris.

Y vuelvo a abrir los ojos y el mundo sigue igual de gris. No sé, pensaba que cerrando los ojos fuerte, muymuymuy fuerte, podría borrar esta niebla que invadió ayer la ciudad y que ha invadido mi mirada. Pero no. Me he levantado y hoy el día está más nublado que ayer. Y no sé qué se supone qué debo hacer para que el sol vuelva a brillar, allá, tan arriba, y las nubes vuelvan a parecer algodones de azúcar, las sonrisas vuelvan a ser tajos de melón o de sandía. Ahora todo lo veo deformado. O quizás es mi mirada que lo deforma. Sólo veo grisgrisgris. Y siempre he odiado ese color. Recuerdo que, de pequeña, una profesora de inglés me preguntó por mi color favorito. "Sontantos" dije "El amarillo, el verde, el azul, el lila... ¡tantos!", seguí, "Lo que tengo claro que odio el gris", "El gris?", "Sí, es un color feo como ninguno".

Y ahora mi mundo se ha pintado de este horrible color. Y yo, te juro, que yo pensaba que hoy me levantaría con más vida en las pupilas. Lo juro. Pensaba que me levantaría llena de algo. De energía, de optimismo, de algoparecido a las ganas de vivir. Pero ha sido abrir los ojos y el gusano. Sí. Otra vez el asqueroso gusano recorriendo mis entrañas. No sé. Creía que sería un poco más fácil. De verdad. Sé que "es normal y que todo tiene un proceso y BLABLABLA". Realmente pensaba que estaría mejor. Que le sacaría lo bello a lo feo, como siempre hago. Pero no. No sé cómo hacerlo. No sé cómo se supone que tengo que hacerlo en este momento. En este momento en el que tú ya no estás conmigo. En este momento en el que todo el mundo parece tener tu cara. En este momento en el que incluso una moto me recuerda a ti. En este momento en el que querría quitarme el pumpum y cambiarlo por una fría máquina automática, sin cerebro. Una máquina de hacer veneno. Sí. No estaría nada mal.

Pero sigo aquí. Con este mundo gris. Este mundo gris que quiero colorear. Quiero colorear pero he perdido mis pinturas y mis pinceles.

dimarts, 13 de març de 2012

Gusanos.




Aquella mañana me desperté con un gusano en el cuerpo. Me iba recorriendo trozo a trozo cada una de mis entrañas, removiéndose, haciendo volteretas, clavándome su cuerpo duro en cada rincón por el que pasaba. Tenía ganas de vomitar. Todo el rato. Unas ganas inmensas de irme al lavabo, sacar ese bicho repugnante y poder volver a tragar aire sin dolor, sin que cada respiro fuera un arañazo de uñas inmensas. Luego caí en la cuenta de que tenía que luchar contra ese bicho. Sí. Tenía que matarlo. Pero él estaba dentro. Y yo estaba fuera. Así que te llamé. Te llamé sólo por eso. Te llamé para que fueras mi cómplice en el asesinato del gusano. Te llamé porque el gusano me lo habías metido tú y creía que sólo tú podías quitármelo. Y, al contestarme al teléfono, recordé lo que había pasado la noche anterior.

No sé por qué pero hay unos mecanismos mentales que me auto-protegen contra el dolor. Ya lo dije una vez, tengo un escudo-anti-tristeza. Así que había olvidado lo que había pasado hasta que oí tu voz. Y colgué. Tú no podías ayudarme. "No sé si te quiero", recordé. "Necesito pasión, sentimiento, amor", lloré. "Necesito irme lejos y pensar, sentir, quererte o olvidarte". Y te fuiste. Me dejaste tirada en el portal de mi casa con la cara llena de perlas de agua. Y con el gusano, el asqueroso y vomitivo gusano en recorriendo mis entrañas.

Sí. Me acordé de todo esto al oír tu voz tras el teléfono. Por eso colgué. Y entonces, hice lo que normalmente hago pero que no debería haber hecho: ponerme a luchar. Me puse los guantes de boxeo, por cuarta o quinta vez contigo. Me los puse para luchar. Para pelear. Para sacar sangre. Sangre de amor. De deseo. De dolor. Pero lo que pasó es que, de repente, me di cuenta de que no tenía contrincante. No tenía con quién luchar. Y luchar contra la pared siempre me ha parecido absurdo.

Así que he tenido que dejar los guantes de boxeo tirados en mi armario. Creo que los quemaré. No quiero luchar más contra una pared blanca, lisa y fea. No, no quiero. Me sentaré en mi sofá de color marrón, me pondré a fumar, beber, reírme y llorar hasta que las ganas de luchar se me hayan apaciguado. Entonces, y sólo entonces, me levantaré del sofá, saldré al balcón, gritaré con todas mis fuerzas y sacaré al maldito gusano de mi interior.

dilluns, 5 de març de 2012

Chocolate.

Mi objeto artístico son las personas. Me gusta ver cómo miran cuando creen que nadie las ve, me gusta ver cómo tiemblan ante una mirada seductora, me gusta ver cómo debajo de las capas subyace el mismo material: chocolate.

Podría explicar mi vida uniendo imágenes y, pese a ello, nunca obtendría una narración lineal, una película donde inicio y final fueran lógicos en tiempo y espacio. Mi vida son recopilaciones de imágenes, sin buscar un sentido unitario, ¿por qué este afán de unificar los instantes? Somos pedazos de momentos, de experiencias, de sentimientos. Mi vida es una sucesión de fotografías.

En estas páginas veréis fragmentos de vida de personas, sin un antes ni un después, sólo el ahora, que es lo que en realidad importa. Son fotografías. Fotografías que me he ido encontrado en mis paseos por la ciudad. Fotografías de chocolate.

mis palabras a tus ojos