dimarts, 13 de desembre de 2011

Entre montañas.


Pasaron las semanas e Ismael estaba cada día más vital. Seguía sin hablar pero ahora corría las cortinas y dejaba que la luz penetrara por la casa, por nuestra casa. Pero eso no era suficiente para él. Lo sentía. Había descubierto la vida, había descubierto el placer, el aire, los latidos, la sangre hirviendo, el color del mundo. Y esa casa ya no era suficiente para él. Desperté una mañana y no estaba a mi lado. Fui a la cocina y tampoco. Al baño, y tampoco. Entonces vi que la puerta estaba abierta. De par en par. Me quedé quieta. Inmóvil. Asustada. Salí con cuidado al jardín. Y lo vi. Estaba de pie. Mirando al cielo. Mirando al Sol. Directamente. Quieto. Como una estatua. Me acerqué a él por detrás. Aquel Sol calentaba. Calentaba los corazones. Y la piel. Y la cabeza. Nos transmitía su energía desde allí, tan arriba y tan y tan lejos... Le abracé por detrás, fuerte fuerte, y le besé la nuca. Él me respondió apretándome fuerte las manos. Pero me las soltó. Y empezó a correr con su gabardina negra. Empezó a correr gritando, saltando, casivolando. Empezó a correr hacia el Sol, hacia la vida. Empezó a correr, correr, correr, y desapareció. Me quedé quieta, mirando al infinito, sabiendo que no iba a volver, sabiendo que ahora Ismael por fin estaba vivo.


(fotografíainspiradora)

dijous, 1 de desembre de 2011

Ser sensible, mata.


Como un caracol. Es como me gustaría estar hoy. Pero sin el "como". Caracolypunto. Con mi cáscara sobre mi espalda y que cuando me toquen pueda decidir quedarme fuera o meterme rápidamente hacia dentro, sin que casi te des cuenta. Estaría bien, sí, muy bien. Aunque yo no pienso así. Normalmente no lo hago. Normalmente creo que lo mejor es ir sin carcasa, desnuda ante el aire, sentir el frío, el calor, que me queme, que me hiele, que me haga heridas y me sangren. Sí. Normalmente es así como pienso. Pero hoy no. Hoy echo de menos ese caparazón que no tengo. Hoy me gustaría poder esconderme y resguardarme ahí dentro, conmigo misma, sin que nadie de fuera me vea, me oiga ni me huela. No quiero ninguna herida más. No quiero ningún rasguno. Niunagotadesangre. Quiero estar bella, pura, suave, limpia, curada, en paz. Pero es culpa mía. Es culpa mía porque aunque no lleve caparazón que me resguarde, tengo que aprender a cuidar de mí. Y no sé cómo hacerlo. En lugar de cuidarme, lo que hago es tirarme a la vida, de una manera peligrosa, casi obscena, restringida a los menores de edad. Y eso tiene riesgos. Riesgos como el de ayer. Riesgos como el de ahora. Riesgos hasta el punto de que mi manera de pensar se vea modificada, aunque sólo sea un día, aunque sólo sea un suspiro, me cambia. Y no quiero que me cambie. Quiero ser capaz de protegerme, de sacar la carcasa cuando lo necesite, de dibujar un escudo, una espada, una pistola, una máscara de hierro y marcharme de allí sin que el aire ni siquiera me me roce. Sí. Eso es lo que tengo que hacer. Tengo que parar deunputavez de empujarme contra la pared. Y atravesarla. Atravesarla y pasar al otro lado, al lado en el que las personas se ponen gasitas en las heridas, se besan, se masturban y piensan que qué bello es esto de vivir.

dimecres, 9 de novembre de 2011

Inmersión



Me rasco los ojos y noto que tu olor aún está en mis manos. Y sonrío. Sonrío pero, al momento, congelo mi expresión y me pongo seria. Tengo que ponerme seria. No puedo sonreír. Es lo que dice la gente. Pero en el fondo, bajo la careta, bajo la superficie, lo que hago es tocarme más y más la cara para que tu olor siga llegándome y me haga sentir esta sensación de rara alegría que me hace estar así, como una niña que ha hecho una travesura muy pero que muy divertida. Hoy no quiero ser responsable, te dije anoche. Y yo ya no sé si lo fui, si no lo fui o qué se supone que es esto de ser responsable. Me apetecía reírme, abrazarte, dejarme llevar por esa palpitación que hacía días que sentía y que acallaba con cervezas, cigarros, y alguna otra cosa que conseguía hacerme perder la cabeza. Pero ayer. Ayer quería estar contigo. Y por muchas cervezas, muchos cigarros y muchas tonterías que interpusiera, el deseo estallaba en mis ojos y la atracción se convertía en la voz de la noche, de nuestra noche. ¿Qué se supone que se tiene que hacer cuando sientes que te deshaces? ¿Qué se supone que está bien y que está mal? Yo no sé qué coño significan esos dos términos. Lo único que sé, y lo sé de verdad, es que a mí, si me tocan, puedo llegar a temblar. Y ayer temblé, temblé de placer, temblé de miedo, temblé de emoción. Temblé por sentirme viva. Hoy ya vuelvo a ser responsable, te he dicho al despertar. Y nuestros cuerpos han dejado de abrazarse porque sí, porque eso no está bien, porque yo no puedo hacer eso, porque tengo que convertirme en piedra y dejar de escuchar las palpitaciones de mi cuerpo. Porque eso no está bien, niña, eso no está ¿bien?

dijous, 27 d’octubre de 2011

(im)posible



Fue en una de esas noches cuando ocurrió. Allí, entre nubes de colores, seres imposibles y alas en lugar de brazos, allí, en el medio, las dos hermanas se encontraron. Se miraron durante un rato. Y, luego, se abrazaron. Fue un abrazo que duró para siempre. Un abrazo que después, al despertar, continuaban dándose. Empezaron a hacer cada noche el mismo ritual: se lavaban los dientes, se ponían el pijama, apagaban la luz y se metían juntas, en silencio, en la cama. Ninguna decía nada. Pero las dos estaban deseando cerrar los ojos, llegar al sueño y encontrarse de nuevo con su hermana. Empezaron a quedar cada noche en el mundo de los ojos cerrados. Unas veces bailaban, las otras reían, las otras hablaban, las otras jugaban…. Volvían a ser ellas. Durante la noche. Al despertar, el silencio volvía a reinar en el ambiente. Se habían acostumbrado a él, Claudia se había acostumbrado a ser amiga de los animales y María a ser amiga de los cuentos. Así que no hacía falta hablar durante el día. No hacía falta hablar en ese mundo que les había quitado a sus padres. No hacía falta. Preferían gritar, saltar, correr y quererse en el mundo de los sueños. En el mundo que no les había hecho daño. En el mundo en el que todo, absolutamente todo, era posible.

dijous, 20 d’octubre de 2011

Birds



Alberto nos contaba cosas del cielo, le gustaban enormemente las estrellas, la luna, las nubes, los cometas, la lluvia, el sol, los pájaros…sí, sobre todo los pájaros. Hablaba de ellos constantemente. Nos contó que tenía seis tipos diferentes en su jardín. No los tenía enjaulados Porque ellos son ellos son del aire, pero nos explicaba que siempre estaban allí, entre las ramas de sus árboles, esperando a que Jorge les pusiera la comida en el cuenco. Creo que eran sus amigos. Los únicos que tenía.


Un día, después de una sesión, le pedí que se quedara, Quédate, y se quedó. Estuvimos mucho rato hablando. Descubrí que era una persona llena de inquietudes, deseos y sueños, pero vi que había algo, algo en él que le impedía hacer eso realidad. ¿Qué es lo que tienes que tanto te frena Jorge?, Nada, Entonces ¿qué haces aquí, en esta terapia?, Conocer a gente, ¿Sabes que esta terapia es sobre complejos, verdad?, Claro por eso vengo, ¿Y cuál es el tuyo Jorge?, Que no soy un pájaro.


(la imagen es cortesía de una amiga, muy amiga que tengo clavada en el nózaroc)

divendres, 30 de setembre de 2011

Dos.




Si tienes ganas de ir al lavabo, despiértame y te acompaño, no quiero que ningún monstruo te haga daño
, y le daba un beso en la mejilla y se ponían a dormir cogidas de la mano.


Claudia y María, las niñas, dormían juntas en la misma habitación. Era una habitación preciosa, con las paredes verdes y una enorme ventana que daba al río. Algunas noches, sin que sus padres lo supieran, se escapaban por la ventana y se bañaban en el río, sobretodo en primavera o verano. Luego llegaban a la habitación llenas de risas y de agua, se secaban con la toalla y se metían en la cama, juntas, con los pies fríos como cubitos de hielo. Entonces era cuando María se lo decía a Claudia. Temía que, entre aquellos bosques, hubiera monstruos dispuestos a asustarlas. Si alguna tenía que ir al baño, despertaba a la hermana para no ir sola. Así era como luchaban contra el monstruo.


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dimarts, 20 de setembre de 2011

madeof.


Mamá, estoy completamente enamorada, ¿De quién ,mi niña?, De un hombre que viste con traje y corbata pero que, en realidad, es de chocolate con nueces y nata montada, Pues tráelo a casa una tarde y probamos un poquito de este nuevo pastel, a lo mejor, me ayuda y encontramos una nueva receta. Y se rieron y se abrazaron y su madre le manchó la nariz con la levadura que tenía en los dedos. Su madre era pastelera. Pero no una pastelera cualquiera. No. Era la mejor pastelera de la ciudad. ¿Qué digo de la ciudad? Era la mejor pastelera del aire, que hay mucho y es materia incontable.


Su madre siempre hablaba de las personas como si fueran pasteles. ¿Qué ingrediente le falta a este?, Yo creo que con un poquito de fresa y una pizca de almendra mejoraría un montón. A Nieves le encantaba eso de su madre. Le enseñó a ver a las personas como pasteles, y todos los pasteles tienen una receta, unos ingredientes que los componen. A Nieves, el ingrediente que más le gustaba era el chocolate. De todas las clases: blanco, cienporcien negro, con leche, con almendras, con naranja, con menta, cualquiera que fuese, le volvía locas. Por eso, como Manuel le gustaba tanto, creyó que estaba hecho de chocolate.

dijous, 18 d’agost de 2011

Planes de chocolate.



¿Sabes? A veces imagino nuestra vida juntos. Una casita en la playa, dos, tres, cuatro o cinco perros a nuestro alrededor. Yo leyendo en la terraza, mirando a la playa, con la voz del mar susurrando algo que no soy capaz de entender. Y tú sentado a mi lado. Bebiéndote una cerveza, si puede ser Estrella mejor que mejor. Sí. Sentado a mi lado y acariciándome la pierna mientras te enciendes un cigarro o lees el periódico o escuchas música o, simplemente, miras al infinito, mirandosimirar porque, en realidad, miras hacia dentro, de poros hacia dentro.

Imagino todo esto. Y te imagino conmigo. Porque no puedo ni quiero imaginarme todo esto si tú no estás. No. Quiero vivir todo esto contigo. Y si en lugar de una casita en la playa es en la montaña o es un piso pequeño en plena ciudad, me da lo mismo. Sentiré el mismo placer en cualquier lugar en el que esté tu mano sobre mi piel. Sí. Es bonito pensar todo esto. Es bonito soñar. Es bonito imaginar. Es bonito creer que vamos a estar siempre juntos. Aunque luego no pase, aunque luego nos ensuciemos, sea lo que sea, ahora me da igual. Porque ahora siento que quiero vivir a tu lado. Te quiero a ti. Te quiero a ti conmigo. Nos quiero a los dos juntos. Porque juntos somos capaces de hacer que el aire huela mejor, que el cielo esté más azul y que nuestros corazones estén más rojos que nunca. Sí. Somos capaces de esto y de mucho más. Así que te hago una pregunta: ¿quieres hacer mi sueño realidad?

diumenge, 14 d’agost de 2011

odeim


estoy aterrada

muertademiedo

ya no me cuesta decirlo
ya no me cuesta admitirlo
es la verdadpuraverdad
tengo miedo

y ahora lo digo
lo grito
lo canto
y lo lloro
quiero ser más fuerte que él

y para ganar en este absurdo pulso, tengo que mirarle a los ojos
reconocerle
y
luego
escupirle

vale
de acuerdo
tengo miedo

ahora,
¿me dejas ya avanzar de una p vez?




(cangrejeando)

dilluns, 25 de juliol de 2011

Sigo preguntándome

¿Cómo puedo volver a abrirme si cuando lo intento me vienen todos los recuerdos del dolor, de la sangre y de las lágrimas. ¿Cómo puedo volver a beberme el aire, beberme el amor y beberte a ti si cuando pongo el vaso sobre mis labios se me cae el agua de la boca rajada? El parche que me puse sirvió por un tiempo, sólo eso. Y ahora, ahora que tendría que sentir la herida cicatrizada, ahora noto la falsedad de mi cura. Sigo enferma. Sigo dolida. Sigo dañada. Y no sé si puedo volver a poner el parche y dejar correr el tiempo. No sé si el parche tendrá la magia suficiente como para hacerme olvidar las llagas que aún sangran por mi cuerpo.
¿Cómo se vuelve a confiar en quien te mató?

Cada vez que lo intento, siento como los parches se deshacen y las heridas sangran a borbotones.

divendres, 17 de juny de 2011

Do you need anybody? I need somebody to love.

Muchas veces paseábamos por la montaña. A mí me encantaba el olor de la hierba y el ruido de las pierdas al pisarlas con los zapatos. Y me gustaba el sonido de la montaña. El silencio-sonido que percibía cuando se movía entre aquel mundo. Es extraño lo mucho que cambia la concepción del tiempo cuando estás en la montaña. Es distinto. No es el mismo con el que desayunas, te peinas y te vas a trabajar. No. Es otro. Ni mejor ni peor. Otro. Y a mí me encantaba notar la relatividad del tiempo. Iba a la montaña para eso, para descubrir otros ritmos del mundo. Y le llevé para que él también lo descubriese. Pero él no pareció percatarse de nada. Es más, parecía aburrido, con ganas de volver, ¿Volver a dónde?, A casa, Ah, ¿que no estamos en casa ahora?, Bueno, digo allí, a la ciudad. Entendió que no había entendido y quizás no entendería nunca.

Aquella noche me fui a la cama con una sensación extraña, como violenta. Me escondi bajo las sábanas y me puse a cantar, bajito, canciones de mi infancia. Eso me reconfortaba, me hacía sentir bien. Y entre canción y canción oí un golpe en la puerta. Alguien llamaba. ¿A esas horas? Me levantó, intrigada, y tras la puerta me encontró con él que me traía un pastel de limón con nata.

Le dejé pasar en secreto, y lo colé en mi habitación. Comimos el pastel, nos comimos a nosotros y él se durmió con los dedos pringados de limón. Me levanté, fui al baño y me lavé las manos. Estaba triste. Acababa de descubrir que a él no le gustaba el chocolate, prefería los gustos ácidos, como el del limón. Pero al meterme en la cama y verle dormido pensé ¿Qué más da? y me senti estúpida y pequeña al ponerme triste por tonterías como el sabor de un pastel. Me tumbé a su lado y dormí abrazada a sus manos de limón.

A la mañana siguiente, me levanté y me fui corriendo a vomitar al lavabo de mi madre, así él no me oiría haciendo ruido.




diumenge, 29 de maig de 2011

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Estaba loca. Sí, estaba loca. O, por lo menos, eso es lo que decían. Y no una persona. Muchas. Sus vecinos, el panadero, la farmacéutica, su amiga María y su hijo. Su hijo. Cuando pensaba esto, el corazón se le llenaba de vapor frío y le dolían los pulmones. Por eso, cuando pensaba eso tan horrible, se ponía a saltar y a gritar. Era la única manera de llenar su corazón de aire caliente. ¿Loca? Sí, quizás. Pero por lo menos sabía cómo curarse el dolor.











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dimecres, 18 de maig de 2011

Pececito.


Ya lo decían: después de la tormenta siempre llega la calma.

Y ahora estoy en un mar manso, sin olas, sin ruido. Pero aunque por fuera esté todo tranquilo, dentro de mí, el pececito sigue nadando violento, con ganas de estallar, de salir de la pecera y alcanzar eso que llamamos libertad. Porque por mucho que esté quieta, sonriente y responsablemente correcta, sigo estando atada. Y no puedo desatarme porque, en el fondo, no quiero desatarme. Atada a ti.

Mi pececito interior es como el Pepito Grillo para Pinocho: una parte de consciencia en la subconsciencia. Como los sueños. Mi pececito me grita la verdad de mi deseo. Pero el miedo y el amor lo tienen encerrado en la pecera y, si pueden insonorizarla, mejor.

Llegará un día en que, de tanto chocar contra el cristal, lo rompa y vuele afuera. Un pez volador.

Entonces, me llevará con él y me desharé, porfin, de las cadenas que me impongo sin saber por qué lo hago ni por qué no las rompo de una puta vez y me dejo llevar por la vida, por el sol, por la alegría, dándole la mano a mi pececito.

divendres, 22 d’abril de 2011

victim.




Y ahora gritaría así, con toda mi fuerza, si no fuera porque me da miedo, terror, romperme el corazón.





(Hoy vienes a mí y no sé qué pretendes que yo haga)

dimecres, 20 d’abril de 2011

Y ahora esto.


Y ahora esto.

Hace unos días escribí a alguien y le dije que necesitaba sentirme viva, comerme pájaros, bailar todo el día, hacer el amor por las esquinas.

Y ahora esto.

Las miradas. El roce de piernas. Las risas que intentan disimular un gemido que quiere estallar en mi garganta. Miro el móvil cada día a ver si me llama. Me llama. Sonrío. Hablo de banalidades no sé durante cuántos estúpidos minutos. Cuelgo. Siento cosas. Me divierto.

Pero no me siento bien. No me siento bien porque pienso en ti y me duele sentir que no quiero que vengas a verme, ahora no. Ahora que me siento deseada, preciosa, llena de estrellas. Ahora que he revivido todo eso que parecía más que muerto, tienes que volver.

Pues, ¿qué quieres que te diga? Ahora no me apetece.

Ahora tengo ganas de reírme de tonterías, de beberme dos, tres, cuatro, cinco litros de cerveza y lanzarme a sus labios. De irme a su casa a mirar una película y estar cero coma tres minutos con los ojos sobre la pantalla. Y posarlos sobre él. Sobre su cuerpo que tanto me excita. Y dejarme llevar por el calor de mis entrañas.

Creo que no quiero que ahora vengas porque me gusta verme en sus ojos. Me gusta reírme y que se ría y pensar calladita todo lo que le haría. Y sonreír. Sonreír por las obscenidades que he llegado a imaginar.

Es eso. Me siento deseada.

Tú me has despreciado, me has quitado las ganas de besarte. Y él se ha puesto delante. Así que no sé. Tampoco me siento mal. Simplemente me siento viva.

Y eso es lo que quería.

Eso es lo que necesitaba.

Eso es lo que escribí a mi amiga mientras lloraba por ti.

No sé. Quizás te has movido demasiado tarde. Quizás, sin darme cuenta, me he bajado del ring y estoy fumando marihuana y emborrachándome con litrosdealcohol.

divendres, 15 d’abril de 2011

Ida/vuelta


Has venido.

Has venido, me has tocado la mano, me has acariciado la nuca y te has vuelto a ir.

Entonces pienso: ¿para qué has venido? ¿para qué has traído este perfume si ahora vuelves a llevártelo dejando mi entorno con olor a pescado muerto, a madera corrompida, a agua podrida?

Has hecho que mi corazón se moviera rápido, otravez, que mis manos sudaran, mis labios se secaran y mi piel se sonrojara. Aunque he preferido ocultarlo y hacer comosinada, como si "nada" fuera la realidad, cuando la realidad es que ese nada era todo. Pero yo fingiendo, que así, dicen, que te hieren menos.

Y ahora te vuelves a ir. Y pienso: ¿para qué este nada que es todo, a ver, para qué?

Pienso que si te quedaras aquí, a mi lado, tocándome las mejillas mientras duermo, mi corazón se curaría solo solito solo. Porque sentiría tu mano sobre mi cara y ya no haría falta que hicieras más. Sólo acariciarme, mirarme y curarme con tu mirada. Ahora me acuerdo que me preguntaste qué tenías que hacer para curarme, túsabrás, te dije, pero ni siquiera yo sabía. Ahora sé. Mírame. Mírame mucho. Quédate aquí. Conmigo. Mirándome y besándome la nuca mientras duermo.

Pero te vuelves a ir. Te vuelves a ir y me quedo sola frente al espejo intentando que mi mirada sea capaz de curar, como la tuya.

dimarts, 5 d’abril de 2011

Sigopensando.


Ya lo dije hace un tiempo. Ponte los guantes de boxeo de una puta vez. Y sigues sentado en tu casa, fumando tabaco, fumando marihuana, bebiendo cervezas, ronconcocacola y mirando series de la tele.

Y yo me encuentro sola, absolutamente sola, en este ring que has contruído para mí y yo ni siquiera sé cómo se da un puñetazo. Me encuentro en una esquina del ring, en el suelo, sentada, esperándote, con la esperanza de que vengas, de que llames, de que me ayudes a levantarme del suelo y me enseñes a pelear y yo te enseñe a curarme y te sienta dentro, en medio de mi pecho, sintiendo que tu corazón se une al mío sin necesidad de nada más que un hola cariño, estoy aquí.

Pero nada. Ni una palabra. Y yo sigo en el ring, cada vez más cabreada, fumando cigarros sin parar, ahogando mis pulmones antes sanos ahora infectados de la mierda que tú me has traído. Con la esperanza, demierdaesperanzademierda, de verte aparecer en la puerta de mi trabajo con una tarta de besos y un abrazo de fresa.

Te he dado un plazo mentalmente para que te acerques al ring y te pongas, porfin, los guantes de boxeo. Pasado este plazo, seré yo la que baje y me marche a mirar la tele, fumando marihuana y bebiendo litros de alcohol.



Me recuerda a alguien bonito y me hace gritar y morirme del gusto del grito:
http://www.youtube.com/watch?v=TbD5mFBW73Y&playnext=1&list=PLB3B9BAE2BBEC9BD4








abatida.

dilluns, 4 d’abril de 2011

¿Cómo?


Hace unos días escribí sin tiempo, escribí casi sin palabras ni pensamientos. No sabía demasiado qué decir, porque no sabía demasiado qué pensaba. Y me agobié. Me agobié al pensar que no tenía nada dentro, que el tiempo se estaba comiendo mi cuerpo y mi mente y mis sentimientos. Y me asustó. Por eso pensé e intenté saber cómo estaba yo. Escribir como terapia. Como autoconocimiento. Ojalá hoy todo fuera igual. Ojalá mi cabeza estuviera pensando en el trabajo, en los planes para semana santa, verano, este fin de semana. Pero no.

Hoy estoy adentro. Muy adentro. Tanto que no puedo ni sacar la cabeza para respirar. Y me ahogo dentro de mis entrañas, mezclándome entre la sangre, las lágrimas y mi corazón teñido de negro.

Como cuando buceas en la piscina o en la playa y te fuerzas demasiado y acabas sacando la cabeza con ansias, con miedo de muerte, y el primer respiro duele, duele en el pecho, como si ardiera, como si no se acordara de respirar, ¿sabes lo que digo? Pues así me duele a mí ahora.

¿Cómo se hace para dejar de pensar? ¿Cómo acallo mi voz, la de dentro? ¿Cómo se hace para olvidar algo que te ha hecho estallar el corazón en lágrimas? ¿Cómo se puede volver a reír a carcajadas cuando sientes que sólo con respirar tu cuerpo flojea?

¿Cómo coño pueden seguir pasando los minutos, y la gente andando y hablando, mientras yo desaparezco del mundo de fuera y me meto dentro de mi piel para protegerme del mundo, para protegerme de ti, que tanto te quiero y tanto me duele quererte?

Hiciste plaf y borraste la sonrisa de mi cara, de mis pies, de mi ombligo. Ahora quiero que del mismo modo como lo hiciste, plaf, te borres de mí, se borren tus caricias, tus miradas, tus besos, tus palabras.

No quiero quererte más.



Sólo quiero dormir, sólo quiero soñar.
(tocadayhundida)



http://www.youtube.com/watch?v=StSbwwyyuo8&feature=related

dimecres, 30 de març de 2011

Regreso a casa. (2)

El tiempo se traga mis palabras, mis pensamientos. Pienso pero sin tiempo. Corriendo. Como todo en la ciudad, esta ciudad a la que tanto quería volver y que ahora me ahoga, me aprieta y no me deja ser. Ahora volvería a la montaña. Y en la montaña, volvería a la ciudad. Y en la ciudad, a la montaña. Y así eternamente hasta darme cuenta que da igual dónde esté. Da exactamente lo mismo. Todo son excusas para no pensar. Otravezlomismo. El problema está en qué no sé qué tengo que pensar para que esta mierda de sensación me abandone para siempre o, por lo menos, un poquito.





(Lo único capaz de parar el mundo:)
http://www.youtube.com/watch?v=W2eQAaaSz1c&feature=player_embedded

dimecres, 16 de febrer de 2011

El grito.


Entonces, antes de que las flores de mi aliento invadieran por completo mi cuerpo, me acordé de ti, de lo que me dijiste aquella tarde en la playa, de tu tatuaje de árbol en tu barriga, de tus palabras con sabor a frutas del bosque. Recordé que me dijiste que algún día el bosque que palpita bajo nuestros pies rompería las capas de cemento y recuperaría su voz acallada con el ruido de nuestras ciudades. Ahora sonrío pensando en tus palabras. Siempre supe que eras uno de ellos. Siempre supe que eras una niñárbol.










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dimecres, 2 de febrer de 2011

Fever.


Aunque sé que estás aquí. No te oigo. No te veo. Pero estás aquí. Tan dentro de mí que parece que te oiga y te vea. Y me toco y es como si te tocase. Pero me gustaría quitar ese "como" y tocarte, directamente, a ti, a tu pecho, a tu pelo, a tus labios carnosos que hace tanto tanto que no beso. No echo de menos tu cara, me la sé de memoria, tanto, que podría dibujarla de una sola tirada. No. No es eso. No echo de menos tus besos. Me gustan. Mucho. Pero tampoco es eso. Entonces ¿qué? Echo de menos compartirme contigo. Sí. Más o menos. Y escucho canciones de amor, miro fotos nuestras, te envío mensajitos románticos con guiños y caritas sonrientes. Y los recibes allí. Tan lejos. Aunque en realidad estás tan cerca. Aquí, bajo mi piel, bajo mi pecho. Y allí. Bajo las estrellas, entre las montañas, bajo la fría nieve pirineaica. Me pesan las lágrimas que no llegan a bajar por mis mejillas. Me pesan precisamente por eso, porque no están. Y tampoco quiero que estén. Nunca me ha gustado verme llorar, no sé, me da como pena y me siento débil y vulnerable. Pero aunque no me veas llorar no significa que no me esté inundando por dentro. Mis lágrimas son grandes, enormes, como las de la chica de este dibujo de una japonesa que está tan y tan lejos de mí pero me ha sabido dibujar a la perfección, como si ella estuviera también aquí, cerca, lejoscercalejos pero no tanto como tú, tú que estás aquí debajo, tan debajo que te confundo con mi sangre.




http://www.youtube.com/watch?v=JGb5IweiYG8








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dimecres, 26 de gener de 2011

Momentos de revolución


Cogí la sierra de tu padre. La sierra con la que talaba madera en invierno. La sierra a la que tú tanto habías temido de niña. Te asustó verme con la sierra en las manos. Entendí tu miedo, yo también lo tenía. Me acerqué al banquero. Lo miré. No sentí nada al mirarlo. Ni pena. Ni rabia. Absolutamente nada. Encendí la sierra mecánica y tú te fuiste corriendo. Durante más de media hora estuve descuartizando al banquero.

Me fui a la cocina, a buscarte. Y te encontré de pie, mirando por la ventana, llorando y temblando, ¿Qué estamos haciendo?, me dijiste flojito, casi como si fuera un suspiro, ¿qué estamos haciendo?, Cambiar el mundo, te dije y te di un beso en la nariz.

Te acercaste al policía. Te agachaste. Acariciaste su cabello, su mejilla, su mano. Y le besaste. Con cariño. Con amor. Con respeto. Con igualdad. Lo besabas y lo tocabas, por todo el cuerpo. Acariciando todo lo que quedaba de él. Todo aquel cuerpo nuevo que tenía que volver a crecer. Y crecería con atributos nuevos. Atributos buenos. Gracias a ti. Gracias a nosotros. Seguías besándole cuando David se acercó al banquero. Te imitó. Y te superó. Tú le miraste, le sonreíste, te mojaste los labios y también lo superaste.

¿Se puede saber qué hacéis?, os pregunté con la cara de noentiendonada. Tuviste una buena idea. Lo reconozco. Porque nuestro plan se había quedado como cortado. Sólo habíamos hablado de la extracción de cosas malas, del descuartizamiento de la maldad. Pero tú quisiste ayudar a que esos recién nacidos tuvieran cosas buenas. Ya desde el principio. Y me encantó esa idea. Por eso me uní a vuestro ritual, me follé al banquero, a ese tío que daba más asco que otra cosa. Entonces nos empezamos a mirar. David. Tú. Yo. Y nos movíamos. Ahora más rápido. Ahora más lento. Lamíamos el cuello. Las orejas. Los dedos de los pies. Así. Los tres. Sonriendo. Maravillados.

Hacer el amor para cambiar el mundo. Eso sólo se te podía ocurrir a ti.

divendres, 7 de gener de 2011

dicho he.


“Si yo pudiera…” dicen algunos. ¿Y qué te lo impide? Nosotros mismos nos apretamos más las cadenas y las hacemos tan evidentes que casi se pueden tocar. “Si yo pudiera…” Termina la frase. Y hazlo. Nada es tan real como tus manos. Y la vida está en nuestras manos. El ser humano no es fuerte, más bien al contrario. Pero su poder, su gran poder, su enorme poder, es que él manda sobre su vida. Y esta arma social está acallada por las grandes voces de “los de arriba” que sólo hacen que dibujarnos los grilletes que nosotros solitos nos encargamos de evidenciar. Coge tu vida y haz con ella lo que te plazca, lo que te salga de la punta de.

diumenge, 2 de gener de 2011

Materia




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A provechaba que mis padres dormían para abrir la ventana y observar el bosque, ser testigo de su soledad, sin el canto de los pájaros, sin las risas de los niños, sin el ruido de los coches. El bosque. Solía abrir el cristal, desnuda, y sentía pasar las horas dejando que el viento me abrazara.Y lograba sentirme pura, lograba oír los latidos más ocultos del ser humano, los latidos que la ropa, el dinero, el cemento, la vanidad, suelen cubrir. En aquellas noches lograba fundirme con el bosque.

Una noche oí un sonido diferente, nuevo, que volaba entre los árboles. Tuve miedo. Todas las pesadillas de cuentos infantiles me vinieron a la memoria y cerré la ventana, sinsabermuybienporqué. Me metí dentro de las sábanas, tapada hasta los ojos, y entonces comprendí.

Tantas noches contemplando el bosque, tanta comunicación sin palabras, tantos escalofríos recorriendo todas mis pecas, y yo seguía postrada en la ventana.

Entendí que el bosque se había enamorado de mí.

Así fue como, desnuda, salté por la ventana.

Iba a reunirme con mi amante.

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(Y todavía sigo perdiéndome por las ramificaciones de mi bosqueeterno,eternobosque,eterno)

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mis palabras a tus ojos