dijous, 8 de novembre de 2012

Restaurador


Y te has metido hondo, muy hondo, tan hondo que parecía que surcabas ese barquito pequeño y destartalado que se había perdido en mi mar. Y ¿sabes qué? Creo que lo has encontrado. De hecho, creo que ya lo habías encontrado hace tiempo y yo creía que él seguía por allí flotando a la deriva, sin rumbo ni destino prefijado. Pero no. Tú ya lo tenías contigo  y lo estabas arreglando con besos, caricias y sonrisas llenas de girasoles.

"He entrado dentro", me has dicho justo después de. Me lo has dicho porque no sabías si me había dado cuenta, no sabías si la manera que has tenido de entrar me había hecho daño, molestado o gustado. He adivinado un interrogante en tu pupila mientras me decías esas palabras. "Lo sé", te he dicho y he apretado los dedos de tu mano. Si quieres que te sea sincera, en ese momento estaba descubriendo todo eso del barco, estaba descubriéndote en mí, estaba viéndote como un restaurador de muebles, de muebles acuáticos capaces de desafiar las reglas del mundo, y no sabía qué cara poner, qué decir ni qué sentir. Sólo quería apretarte fuertefuertfuerte la mano.

Y ahora. Ahora te recuerdo en mí. Ahora recuerdo la manera que has tenido de buscar en mi interior, de acariciar mis entrañas, con un paso lento, pausado, tan y tan a poco a poco que pensaba que me moría de placer. Y yo, ante tu pureza, ante ese nózaroc con las ventanas tan abiertas, no he sabido hacer nada. Absurdamente nada. Y ahora, ahora lo entiendo todo. Esta noche has creado una sinfonía, la sinfonía de tu cuerpo y el mío.

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mis palabras a tus ojos