dissabte, 28 de febrer de 2015

Sombras

Me miraba al espejo y solo veía negro. No sabía si es que hacía tiempo que mi bombilla se había apagado o que el color de mi piel había mutado. Pero solo veía negro. Salí a la calle, una mañana soleada, y vi que tú también estabas de color negro. Y tú. Y tú también. Y tú. Y tú. Sombras. Nos habíamos convertido en sombras. Nuestra identidad, nuestra presencia y nuestro espíritu se habían esfumado. Bye, bye. Delante nuestro tan solo quedaba el rastro de que alguna vez ahí había habido algo.  



Entonces, me desnudé. Ahí, en medio de la calle, como lo estoy haciendo ahora. Camiseta fuera. Sujetador fuera. Pantalones fuera. Bragas fuera. Todo fuera para entrar un poco hacia adentro. Pero no fue fácil. Tuve que quedarme horas ahí quieta, temblando de frío, viendo cómo el mundo había sido invadido por las sombras, hasta que al fin, no sé cuántas horas más tarde, el color empezó a aparecer en mi piel.

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