dilluns, 23 de febrer de 2015

Vehículos supersónicos

Es como si hubiera diferentes mundos, el de fuera y el de dentro. Pero no solo estos sino, aún más, el de este lado, el del otro, el de arriba, el de abajo. Y muchos más que ahora ni siquiera sé ni dónde están ni qué aspecto tienen. Siempre he pensado que es egocéntrico, ignorante y absurdo creer que estamos solos en este universo, en esta galaxia, en estas estrellas. Y, si creo en la absurdez de este pensamiento, ¿por qué no creer en que también es de idiotas creer que solo hay un mundo, o dos, cuando en realidad lo más probable es que hayan mundos infinitos? 

Y yo solo vivo en uno, en el de fuera y de vez en cuando, en algunos momentos como el de ahora, como el del otro día entre sus brazos o la otra noche tomando una cerveza con mi amiga, hay esos momentos en los que descubro que hay otro mundo, el de dentro. Pero ahí me quedo. Dentrofuera, fueradentro. Son los únicos viajes que hago en esta vida en la que lo único que tendríamos que hacer es viajar, viajar alrededor del mundo y yo me quedo aquí, en una distancia de diez centímetros que incluso me marean. Es absurdo, ¿verdad? 



Pero ya me he cansado, me he cansado de cansarme de viajar tan poco, me he cansado de estar solo en estos dos mundos cuando hay otros, otros desconocidos que ni siquiera sé qué olor tienen, qué color tienen ni qué bichillos viven por ahí. Por eso voy a cerrar los ojos, voy a meterme dentrofuera de mí y voy a inspeccionar qué hay más allá de esto que veo, que toco y que huelo. Voy a meterme para salirme, como un avión supersónico capaz de atravesar las estrellas. Porque, en el fondo, eso es lo que somos todos nosotros: vehículos muy potentes que se quedan demasiado tiempo aparcados. Y, ya se sabe, cuando un coche está mucho tiempo quieto al final termina por oxidarse. 

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