dijous, 18 d’abril de 2013

Ridiculeces


Llevo tiempo callada. Llevo tiempo con una falsa sonrisa sobre la cara. Me he convertido en una mujer adulta, en esposa y en madre. Y, ahora, sentada aquí, me siento más pequeña que nunca, más pequeña incluso que cuando saltaba por la ventana para encontrarme con mi unicornio. Sé que nunca me creíste, sé que querías hacerlo, lo sé de verdad, pero no podías creerme. Incluso ahora sé que no lo haces. Debe sorprenderte que, pese a los años que han pasado, continúe aquí, sentada ante el bosque, asegurando que los unicornios existen. Parece ridículo, lo sé, me veo en tus ojos igual que me vi en los ojos de nuestros padres. Y me sentí ridícula, durante toda mi adolescencia y juventud me sentí ridícula. Pero ahora, vuelvo a estar aquí, me veo, os veo y sé que los ridículos sois vosotros.

Entonces, Lara, mi hermana Lara, comenzó a caminar hacia el bosque. Caminó, Caminó y caminó. Y la seguí. Esta vez la seguí sin miedo, la seguí sin tener frío y sin que mi pulso temblara. La seguí hasta las entrañas del bosque. Hasta que se sentó en el suelo y cerró los ojos. Me senté en el suelo y cerré los ojos. Cuando los abrí, Lara, mi loca hermana Lara, estaba subida sobre los lomos de un precioso unicornio blanco.

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mis palabras a tus ojos