divendres, 19 de novembre de 2010

Pleasure



Entonces, Jaime cogió a Claudia por los hombros la abrazó y le besó el cuello.

A Claudia se le erizó la piel y le empezaron a temblar los dedos. Jaime siguió besándola por el cuello, por el lóbulo de las orejas, por el escote. El cuerpo de ella se estremeció y empezó a excitarse, la lengua de Jaime sobre su piel la había paralizado. Él la cogió entre sus brazos y la llevó bajo el árbol. Empezó a desnudarla lentamente, besando cada parte del cuerpo que aparecía bajo la ropa, como si se tratara de un trozo de chocolate delicioso que no puedes evitar chupar. Todo el cuerpo de Claudia se había convertido en una delicia de chocolate. Por eso Jaime empezó a devorarla con todo su cuerpo. No quería que sólo su lengua fuera la privilegiada de probar ese sabor, quería que todo su cuerpo participara en el festín, sus manos, sus piernas, su cabello, su nariz, su sexo. Claudia gemía, primero flojito, por pudor a que alguien les oyera, pero después no pudo reprimir su placer y se dejó llevar por el sexo, por aquella boca, por aquel hombre que estaba devorándola sin dejarse ni una peca.

Debajo de aquel árbol, Claudia subió hacia una nube y se restregó en su piel de algodón, muerta de placer.





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