dilluns, 4 de maig de 2015

Eterno retorno

El gusano que hacía tiempo que se había ido, ha vuelto a mí. Es curioso. Hace unos días me dio por releerme algunos cuentos que hace años que escribo, algunas frases, algunas imágenes y, por mucho que pasen los años, me reencuentro en todos ellos y me reconozco. Aquella chica que escribía aquello es la misma que está aquí ahora conmigo. 

¿Qué es lo que pasa, entonces? ¿El tiempo ahora ya no corre? ¿Van pasando los minutos pero es como si en mí todo estuviera estático, inmóvil? Entiendo que ahora ya no voy a cambiar tanto como antes, que ni siquiera me reconocía, pero ¿qué pasa ahora: ya no hay más misterio en mí misma? Me da la sensación de que cuando me lea en unos veinte años seguiré siendo la misma. Sé que habrán cosas en mí que habrán cambiado (mejor dicho: me habrán ensuciado y me habrán vuelto más fea, más vieja y con la cara más triste, aunque espero que no mucho) pero aunque hayan esos cambios sé que hay un tronco, hay algo duro y fuerte que recorre desde las puntas de mis dedos, me suben por la columna y me llegan a la cabeza. No sé si me gusta me disgusta lo que sé es que no lo entiendo. No lo entiendo porque si miro hacia atrás y busco a la niña que fui, a esa no la reconozco. En cambio si miro hacia pocos años atrás y me encuentro con la chica que era veo que es la misma. ¿Me he estancado? ¿Me he quedado con los pies de barro? ¿O es que la vida deja ahora de ser algo creciente y comienza a estancarse? 



No lo sé. Pero sí que veo que hay cosas que se repiten en mi vida como si me encontrara en un círculo mareante que lo único que me hace es dar vueltas y más vueltas en los mismos ambientes. Los escenarios de mis paseos son distintos, las personas son distintas, los olores, los colores y la luz es distinta pero el ambiente, la esencia de ese círculo es asquerosamente el mismo. Entonces me releo y veo que las mismas metáforas que antes usaba para explicarme congenian estupendamente con mi situación de ahora. Y es cuando me quiero cagar en todo porque veo que no avanzo, porque veo que estoy estancada, de pie dando vueltas y muy mareada. 

Y lo que ha vuelto ha sido el gusano. Antes me había aparecido por otras cuestiones, por otros rostros y otras emociones. Pero tengo el mismo sentimiento dentro de mi cuerpo y es eso: tengo un gusano. Un gusano que se mueve de arriba abajo, que me retuerce las tripas y se pone en la garganta bloqueando el aire para impedirme respirar. Y ese gusano hace tiempo que creía haber hecho desaparecer pero "bicho malo nunca muere", que dicen. Y sí, es exactamente así. Lo jodido del tema es que aunque la esencia de la rueda sea la misma, la gravedad de los asuntos va in crescendo y lo que antes podía agobiarte durante semanas ahora con un simple manotazo en la sien se puede borrar. Pero aparecen nuevas situaciones, aparecen nuevas historias que me hacen sentirme pequeña, tan pequeña que me gustaría volver a mi casa de antes, ponerme mi pijama de antes y jugar con mis juguetes de antes. 



Es como si alguien me hubiera puesto un traje enorme, una camiseta y unos pantalones que me van gigantescos y con los que no me puedo ni mover. Cuando estoy quieta me siento cómoda, ese traje es calentito y confortable, pero cuando intento dar un paso con él el traje no deja de moverse, de impedir que continúe recta, tranquila y en paz, él hace que me tropiece, hace que me caiga y hace que desee con todas mis fuerzas arrancarme de un manotazo esas enormes telas y quedarme desnuda, sin ropa y sin nada. Muerta de frío pero tranquila, al fin tranquila. 

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