dimarts, 21 d’abril de 2009

El descrecimiento

Sus ojos me miran, directa-mente, con descaro, casi con violencia. Atraviesa la pantalla gritándome el tictac del controlador del tiempo, como una bala, como una bala pero de fogueo que asusta pero no mata, esas, esas son las peores. Me dicen que sus ojos son mis ojos aunque ahora yo esté aquí sentada oliendo mi aliento, tocando mi pelo, mirando mis pechos, me siguen diciendo que sus ojos son mis ojos. Y yo no puedo creérmelo, no puedo, porque ella sigue allí, tras la pantalla de televisión ignorando mi preocupación de que sus ojos son mis ojos aunque ya no parezcan sus ojos. Pero eso a ella le da igual, ella continua jugando con su hermana, bailando, riendo, comiendo su pastel de cumpleaños y yo pienso que la unión de esos nombres no es justa e invento una palabra nueva, descumpleaños, y río irónica-mente sintiéndome ingeniosa, y ella ríe desde el otro lado y veo su risa y recuerdo mi risa de hace unos segundos y se me borra el gesto de la cara y el cuerpo parece que se me anude entre nudos de lana, y ella vuelve a tener el poder y yo vuelvo a temblar con todo mi cuerpo conocido, común-mente, como mujer, no niña. Y yo tiemblo, y ella ríe.

Pero del vestido de la pantalla reconozco su tacto, su sitio en el armario, y lo lleva ella, lo lleva ella y no yo, pero sé que es mío. Y el pijama. Noto el sabor de mi boca al despertar, huelo mi cuerpo metido dentro de ese trozo de tela con dibujos de gatos y conejos, oigo la televisión encendida con mis dibujos favoritos y un olor lejano a leche recién hervida. Y ella está ahí, representando mi escena, y yo veo cómo lleva puesto mi pijama, cómo lleva el pelo despeinado tras levantarse, cómo vive mi pasado, lo vive y yo lo recuerdo, y el recuerdo tiene paisajes, olores, sabores y nadamás. Mi recuerdo no me recuerda. Y cada vez me siento más pequeña en mi cuerpo grande, y me tapo con la manta y pienso que qué triste no recordarme, y me pongo a llorar, pero en silencio, que es como deben llorar los adultos. Sigue riendo y siento como si millones de cuchillos atravesaran mi cuerpo porque ella no es yo, yo fui ella pero ella es ella y sólo ella, sin mí. Así que ríe y ríe y vuelve a reír.

Y pienso que qué bien vivir sin consciencia de pasado, sin consciencia de futuro, y deseo volver a ser ella, a ver a través de sus ojos, como dicen que hacía, y poder volver a reír con todos los dientes como lleva haciendo ella desde que me he sentado en este sofá. Pero apago la televisión, me lavo los dientes, me pongo el pijama y, cuando me quedo a oscuras comparo a mis dos yos y quiero creer que prefiero a la de ahora porque pienso, razono, reflexiono, y la de la pantalla no, ella sólo ríe, salta, grita, pero no piensa, prefiero pensar, titubea una voz interior, y me tapo con la manta hasta la altura de los ojos maquillando una sonrisa de dientes perfectos.





1 comentari:

  1. En el fondo aunque no te reconozcas en "ella" sois iguales , "ella" queria soledad para inventarse historias y tu buscas soledad para contarlas. Preciosa reflexión ......aunque muy triste.
    Tu papi que te adora..y admira

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mis palabras a tus ojos